Gianni Bernardinello, de 76 años, dejaba canastas con pan, pizzas y dulces afuera de su panadería en Milán para ayudar al sector de su comunidad más golpeado por la pandemia. Hasta que cayó enfermo del virus no dejó de trabajar ningún día para sus vecinos, a pesar de las desesperadas súplicas de su familia.

Hace unos pocos días una persona de gran corazón dejó este mundo, y sus acciones durante la pandemia le valieron el reconocimiento y el cariño de sus pares y también de la comunidad de cibernautas a nivel mundial.

Cuando la primera ola de la pandemia de COVID-19 —y su posterior impacto económico— cayó con fuerza en el norte de Italia en marzo pasado, el panadero Gianni Bernardinello, de 76 años, comenzó a poner canastas llenas de pan, pizza y dulces afuera de su tienda en el Barrio Chino de Milán.

FB: Gianni Bernardinello

“Para dar una mano a quienes la necesita. Sírvase y piense también en los demás”, rezaba el cartel posado sobre las canastas. Gianni era considerado: luego de dejar los alimentos afuera, desaparecía inmediatamente de vista para evitar que alguno de sus clientes conocidos lo vieran y se avergonzaran de hacer la fila.

“Dijo que ponía sus sobras afuera en las noches, pero también lo vi dejando pan fresco y recién salido del horno en la mitad del día. Estaba realmente preocupado”.

—Alessandra De Luca, amiga de Gianni, al NY Times—
Familia Bernardinello, vía NY Times

Desafortunadamente, Gianni se contagió el coronavirus y éste le quitó la vida el pasado 9 de diciembre, mientras estaba internado en un hospital de Milán.

El riesgo siempre estuvo presente, pero hasta que cayó enfermo, Gianni abrió su panadería en todos los días de la pandemia, aunque sus hijas le rogaran que se quedara en casa.

FB: Gianni Bernardinello

Ellas comentan que una de las frases de su padre para disuadirlas era que “entre esas paredes, no había habido un día en 130 años en el que dejaran de hacer pan. Incluso en los bombardeos de 1943”, haciendo referencia al ataque aéreo que recibió la ciudad en medio de la Segunda Guerra Mundial.

Gianni Bernardinello nació ese mismo año en un pueblo cercano a Milán, y comenzó a trabajar a los 12 años como aprendiz de orfebre para ayudar a su familia. Luego se convirtió en fotógrafo de modas y, posteriormente, en un empresario del sector de las lanas. En los 80 cambió su rubro nuevamente, buscando trabajar en productos que “la gente siempre necesitara”, según sus hijas.

El hombre compró la Panadería Macchi en 1989, sin haber tocado siquiera un trozo de masa antes. Sin embargo, aprendió las técnicas de amasado del panadero anterior y aprendió a hacer focacciaspanettones, galletas y rollos dulces.

En poco tiempo se convirtió en un querido del barrio, ya que la gente se pasaba por allí a tomar un café o comprar el pan y se quedaban escuchando sus historias. Apenas comenzó la pandemia, la panadería también se transformó en un lugar de acopio para dejar azúcar, pasta o salsa de tomate junto con las donaciones de Gianni.

Hoy, el legado de Gianni es continuado por su familia y principalmente por su hija Samuela, quien se hizo cargo del negocio.

FB: Gianni Bernardinello

Un homenaje a un héroe anónimo que se entregó por completo al servicio de la comunidad, pagando con su vida. ¡Que descanse en paz!

Fuente: http://www.upsocl.com/

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