No es que seas perezoso, es probable que tengas una tristeza crónica, ansiedad o incluso depresión.

Te has dado cuenta de que cada vez que tienes que entregar algo importante o hacer algo que requiera de esfuerzo ya sea intelectual o físico terminas viendo videos en YouTube sobre “10 datos curiosos que no sabías de los gatos” o cualquier otra cosa que te robe la atención de lo que estabas a punto de hacer, por lo que, un vez más, dejas para el último esa actividad importante que tarde o temprano tienes que realizar. 

Las personas que te conocen dicen que eres «flojo», lo cual te crees porque siempre te ocurre lo mismo, sin embargo, debemos decirte que se trata de algo mucho más importante y de cuidado; no es que seas perezoso, es probable que tengas una tristeza crónica, ansiedad o incluso depresión.

Se trata de la procrastinación, la postergación voluntariamente de algún acto, y cuando llevas esto a cabo, además de hacerte sentir mal, provoca que evadas alguna tarea que sepas que tienes que hacer y cuando llega el momento en el que la realizas, lo haces con desánimo y apresurado. De acuerdo con la profesora de psicología en la Universidad de Sheffield, Fuschia Siroris, las personas se enganchan en este círculo irracional de procrastinación crónica debido a una incapacidad para manejar estados de ánimo negativos en torno a una tarea.

En otras palabras, el estado de ánimo sí influye en que decidas procrastinar o no hacerlo, sobre todo si se trata de un sentir negativo. Esto se convierte en una manera de enfrentar tus emociones desafiantes y estados de ánimo negativos provocados por tareas, estos pueden ser aburrimiento, ansiedad, inseguridad, frustración, tristeza crónica, resentimiento, depresión, etcétera.

Este comportamiento también depende mucho de la tarea que tienes que hacer, por ejemplo, debes entregar un aburrido reporte que te encargó tu jefe; por automático, crees que cualquier otra actividad es mucho más interesante que llegar a ese momento en el que debes realizarlo, sin embargo, no quiere decir que lo dejes en el olvido, sí lo haces pero lo dejes hasta último momento porque lo aplazas lo más que puedas.

Lo anterior suena a que procrastinar lo haces para sentirme mejor, ¿cierto? Es irónico, pero en realidad lo haces para evitar tus sentimientos negativos y, por consecuente, te sientes aún peor. La procrastinación es un asunto de emociones, no de productividad, por eso es la razón de que no eres flojo, sino que te sientes mal y no necesitas organización de tiempo o de actividades, sino controlar tus emociones de una forma distinta.

Encuentra una actividad que pueda aliviar tus sentimientos desafiantes sin que ésta pueda dañar tu futuro, es decir, una que pueda ser tu solución interna porque este cambio depende sólo de ti mismo.

Fuente: https://culturacolectiva.com/

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