“Volvió a escribirme un par de meses después

y pensé que no lo haría de nuevo.

Normalmente cuando se marchan se llevan

hasta lo que no tienes y te dejan tirado

como cualquier vagabundo de alguna calle de París.

Lejos de todo, estaba justo enfrente de una carta

que decía en un par de líneas lo mucho que me me echaba de menos,

pero no hacía gran cosa en mí.

Es decir, me agradaba la idea de que ella me extrañase,

pero a la vez me daba cierta rabia que haya esperado tanto

tiempo para decírmelo.Era como estar entre la espada y la pared

sujetando tu mano derecha para no responder y escribir:

yo también te extraño, pero no quiero que vuelvas.”

Jorge Muñoz

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